#atlantico00 – Atlántico conseguido. Primeras impresiones
Cruce del Atlántico. Salida de Marina Rubicón

#atlantico00 – Atlántico conseguido. Primeras impresiones

Ya de vuelta desde hace unos días, por fin tengo un rato para empezar a contaros el viaje, el gran viaje. Y de momento os cuento tres reflexiones.

Lo primero, que sepáis que para mi ha sido como abrir una puerta a los grandes viajes.

Para muchos (a mi me pasaba) lo del cruce del Atlántico es como el último escalón de la «carrera marinera». Se ve tan difícil y tan lejos que parece un imposible. Antes del viaje, a mi ni se me pasaba por la cabeza la idea de repetirlo, por lo menos al nivel personal. Parece que ahí se acababan las aventuras marineras y lo siguiente sería, simplemente, contarlo.

Pues bien: no es así. Ahora que estoy de vuelta lo que me ronda por la cabeza es repetir, hacer la travesía de vuelta, navegar más allá. Hace unos días alguien me decía que estaba de enhorabuena, que era algo que «…ya ha lo has hecho. No se pueden dejar escapar los trenes que te trae la vida y este ya lo has cogido». Pero ahora me veo estudiando los planes más absurdos para repetirlo y para ir más allá, buscando la próxima oportunidad. Entre risas, valoraba con un amigo dedicarnos a robar barcos para llevarlos a Australia y ponerlos a la venta como medio de vida que incluyese cruzar océanos permanentemente.

Lo cierto es que es difícil que se den todas las circunstancias para hacer el cruce del Atlántico. Tengo amigos que han navegado mucho, tienen barco, dinero y hasta tiempo; y por supuesto, ganas. Pero hace falta que todo eso se de a la vez y además, que cuentes con la tripulación adecuada.

Y llegamos al segundo punto: La tripulación.

He tenido el placer de compartir el viaje con una tripulación excelente. El capi, un maestro y Yolanda una grandísima compañera de viaje. Echamos de menos a Esther, que en el último momento se vio obligada a quedarse en tierra.

Yo creo que la tripulación, los compañeros del viaje,  es el factor más determinante para que el cruce del Atlántico sea esa gran experiencia que buscamos. Por supuesto, partiendo de la base de que el barco y la tripulación estén preparados «técnicamente». Pero barco, conocimiento y experiencia se pueden conseguir más o menos fácilmente. Ahora bien, lo de que la tripulación esté al nivel, ya es otro cantar, porque hace falta reunir muchas cualidades: Sintonía entre los marineros, tolerancia, actitud positiva, trabajo en equipo, sentido del humor, saber estar cuando las cosas se complican, proactividad, imaginación….

A los pocos días te das cuenta de que cruzar el Atlántico son infinitas olas pasando por debajo de  tu barco. Te alcanzan por la popa y se van por la proa una y otra vez. Algunos días, bromeaba: ¿por aquí hemos pasado antes? Así que todo sucede dentro del barco. En realidad, el viaje eres tu y tus compañeros de viaje. Porque si no, a ver, qué hacemos aquí con 18 o 20 días de olas pasando continuamente por debajo del casco, sin ver nada: algún delfín, algún pajarillo, algún calamar despistado que aterriza en nuestra cubierta.

Por último, que sepáis que la satisfacción de que las cosas salgan bien es enorme. Antes, durante y después del viaje sabes que estás lejos de todo. Si todo va bien, bien. Pero cualquier problema puede acabar en un problema muy serio. Así que el barco y la tripulación tienen que estar bien preparados. De todo eso hablaremos. En nuestro caso, se daban las circunstancias.

El caso es que los problemas aparecen y la tripulación se enfrenta a ellos con más o menos calma, dependiendo de si son problemas que estamos acostumbrados a resolver o no y de si el factor «estamos lejos de todo» pesa o no sobre los nervios.  Así que cuando las cosas van saliendo bien, cuando el equipo se enfrenta a cada problema y cada situación y lo resuelve con solvencia, se produce una gran satisfacción.

Os lo iremos contando todo despacio, con fotos, vídeos, pelos y señales.

Buena proa
Madrid, 3 de Marzo de 2019

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